
"El árbol de la ciencia", de Pío Baroja, fue un libro de obligada lectura en Bachillerato para mi generación, a pesar de tratar de la angustia, de la amargura existencial. Fue publicado en 1.911 y, he vuelto a releerlo en esta semana, sorprendiéndome de la actualidad de algunas ideas de este gran escritor. Baroja hace una radiografía del Madrid burgués y proletario de finales del siglo XIX, y, al respecto, escribe: "El estudiante culto, aunque quisiera ver las cosas dentro de la realidad e intentara adquirir una idea clara de su país y del papel que representaba en el mundo, no podía. La acción de la cultura europea en España era realmente restringida y localizada en cuestiones técnicas; los periódicos daban una idea incompleta de todo; la tendencia general era hacer creer que lo grande de España podía ser pequeño fuera de ella, y al contrario, por una especie de mala fe internacional... España entera, y Madrid sobre todo, vivía en un ambiente de optimismo absurdo: todo lo español era lo mejor. ESA TENDENCIA NATURAL A LA MENTIRA, A LA ILUSIÓN DEL PAÍS POBRE QUE SE AISLA, CONTRIBUÍA AL ESTANCAMIENTO, A LA FOSILIZACIÓN DE LAS IDEAS."
¿Podemos encontrar la misma actualidad, en pleno siglo XXI, en las palabras escritas por Baroja en 1911? Solo hay que ver como estamos (o seguimos estando) y la imágen que tienen en Europa de España. Y es que la crisis de España, como siempre, más económica siempre ha sido cultural, propia de nuestra propia idiosincrasia, o como diría Baroja "...por esa simpatía y respeto que ha habido siempre en España por lo inútil"
(dedicado a Belén Esteban y los programas del corazón).
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